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La Villa Ilustrada
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LA VILLA ILUSTRADA
Artículo aparecido en el diario ABC, el 25 de Marzo de 2007.
A Urueña le va como anillo al dedo el sonido de un chelo junto a las murallas, la conversación, la puesta de sol sobre la inmensidad de Tierra de Campos, un poema de Antonio Colinas: «¿Conocéis el lugar donde van a morir / las arias de Händel? / Está aquí, en el centro del centro de Castilla». Algo de todo eso, y (siempre) Joaquín, atrajo también a Jesús Martínez, el primer librero de Urueña. «Este era el pueblo más pequeño de España con librería, la mía, Alcaraván», comenta divertido. A principio de los noventa, Jesús, empleado de la Tienda Verde en Jesús Martínez no sabe cómo le va a afectar la repentina invasión de libreros, diez aventureros instalados a partir de ahora intramuros, dentro del proyecto Villa del Libro que ha puesto en marcha la Diputación Provincial de Valladolid y que gestiona Turisvall. Pero, con tres lustros de experiencia, deja un consejo en el aire: «Aquí hay que pasar dos inviernos». Sabe de lo que habla. Del frío. De la soledad. Del viento que fustiga la colina. De las noches largas. «Claro que es una locura», admite Miguel Ángel Delgado, de treinta y tres años, propietario de la librería “Alejandría”, uno de los recién llegados. «Mire, soy el único librero de antiguo en Valladolid; si no estuviera loco, no tendría ni siquiera ese espació físico, y tampoco éste. Vendería por internet, como muchos de mis colegas». Delgado se ha especializado en libros de arte, dadaísmo, surrealismo, poesía visual, en Gómez de la Serna o Julio Cortázar, en Picabia, y en presentar esos volúmenes con un evidente detenimiento en la estética. Amancio Prada, que se acaba de comprar y rehabilitar una casa, y Luis Delgado, (La Musgaña, Cuarteto de Urueña, especialista en cancionero andalusí), que trajo aquí su colección de instrumentos musicales, también aluden a la amistad con Joaquín Díaz. «Viví en Lavapiés; luego, en Torrelodones, y, desde hace una década, en Urueña. Cada vez más lejos de la ciudad», decía Delgado mientras preparaba el concierto que ofreció ayer en Berlín con motivo del cincuenta aniversario del Tratado de Roma. «Hemos vivido un ritmo de crecimiento lento, en el que algunas iniciativas tenían éxito y otras fracasaban; por eso surge un cierto temor a la irrupción de demasiadas propuestas juntas, a crear un parque temático». Fernando Gutiérrez y Rosa de Miguel también huyeron de Madrid, en el caso de Rosa tras hacer un curso de encuadernación en el centro cultural Conde Duque. “Queríamos irnos, y estábamos buscando por Soria, pero supimos de Joaquín a través del escritor Avelino Hernández», recuerdan. En Septiembre de 1993 abrieron el taller de encuadernación que ahora se disponen a reformar y ampliar, en el que esta mañana reparan un lomo con el mimo de los artesanos. Con una dedicación como la de Concepción García, quien descubrió la caligrafía hace cinco años y que ahora forma parte de la Asociación Alcuíno, grupo que participa en el proyecto «Villa del Libro». «Queremos recuperar la atmósfera del scriptorium, las plumas de ave, los monjes, el pergamino. En la sociedad del e-mail y del “control z” creemos que esto tiene un valor». Concepción, sobre la Villa del Libro, dice: «Un poco utopía, pero ¿por qué no?». Pilar Verdú, valenciana, periodista, impulsora de Efecto Violeta Ediciones, encargada tres años de las actividades culturales del Instituto Cervantes en París, supo de Urueña por internet, presentó un proyecto basado en la cultura mediterránea y lo ganó. Ahora tiene librería y una casa recién comprada, síntomas de un flechazo a primera vista. José Antonio Largo y su esposa, Esperanza, tenían Urueña más cerca. Trabajan en Valladolid. Ella al frente de la «Boutique del Cuento», él como profesor de Historia. La atmósfera que persiguen tiene que ver con los cuentos de Calleja, con desplegables y troquelados, con las ilustraciones de Roberto Innocenti. En cuanto al negocio, «con no perder... ». Los cinco libreros de la Asociación Alvacal que comparten local en Urueña tampoco esperan ganar dinero. «Creemos que una iniciativa de estas características debe reflejar todos los mundos del libro, desde el actual a los incunables o la segunda mano», dice Felipe Martínez, presidente de esta asociación de veintidós libreros de viejo. Felipe cree que hay bibliófilos, bibliópatas (gente capaz de grandes esfuerzos por conseguir algo) y curiosos, «que no vendrán necesariamente por los libros, pero que, una vez aquí pueden comprarlos». Esa es la idea del principio. La de Joaquín se resume así: «Me gustar revindicar un crecimiento razonable para Urueña, pero también la soledad y el silencio como generadores de esa atmósfera imprescindible para la serenidad del razonamiento y la meditación». El primer fin de semana como Villa del Libro llegaron 3.600 visitantes. El segundo, éste, se espera un interés parecido. Abren casas rurales. Y restaurantes. Urueña muda la piel.
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